El viernes pasado se estrenó en México The Last Airbender, película basada en la popular serie de animación producida por Nickelodeon: Avatar, The Last Airbender (Avatar, La Leyenda de Aang pa los cuates), la cual este servidor estaba esperando desde el día que se enteró que iban a hacerla. Con todo un saco lleno de expectativas respecto al filme, dirigí mis pasos al cine más cercano donde estuviera subtitulada... y mis pasos me llevaron hasta Reforma (es increíble que el norte de la ciudad está en otra ciudad distinta cuando hablamos de películas subtituladas). Y para no seguir con las quejas, como hablar de los lentes incómodos (porque fui a verla en 3D... ¡oh sí!) y otras cosas que me molestan de algunas personas que asisten a los cines, pasemos de lleno a la película.Cómputo, política, fútbol, música (principalmente metal salvaje), algo de anime y eso si muchas mentadas de madre a los políticos (de preferencia panistas y priistas ),aunque la verdad se habla de todo lo demás que falta.
lunes, 30 de agosto de 2010
The Last Airbender
El viernes pasado se estrenó en México The Last Airbender, película basada en la popular serie de animación producida por Nickelodeon: Avatar, The Last Airbender (Avatar, La Leyenda de Aang pa los cuates), la cual este servidor estaba esperando desde el día que se enteró que iban a hacerla. Con todo un saco lleno de expectativas respecto al filme, dirigí mis pasos al cine más cercano donde estuviera subtitulada... y mis pasos me llevaron hasta Reforma (es increíble que el norte de la ciudad está en otra ciudad distinta cuando hablamos de películas subtituladas). Y para no seguir con las quejas, como hablar de los lentes incómodos (porque fui a verla en 3D... ¡oh sí!) y otras cosas que me molestan de algunas personas que asisten a los cines, pasemos de lleno a la película.lunes, 16 de agosto de 2010
Yo ero antipatriota (por iniciativa propia)
De acuerdo a lo que rezan en los spots estos dos personajes, ejemplos "excelsos" de lo que es un mexicano de corazón, resulta que yo soy un antipatriota por no apoyar la dichosa iniciativa y que, peor aún, no amo a México. Y Salma y Javier tienen razón, soy lo que ellos dicen, los soy porque no le doy credibilidad a una iniciativa que, más que un proyecto, parece una campaña publicitaria al estilo de los valores de Telerisa y Tv Apezta con fines políticos. El bombardeo incesante de anuncios en varios medios de comunicación habla por sí solo: el actual gobierno, la clase política y la alta esfera de empresarios, preocupados por el capital y los monopolios antes que el bien común, buscan -para variar- proteger sus intereses mediante un "proyecto" con el que desean darle atole con el dedo al pueblo. Con esto se busca recobrar la credibilidad en el actual sistema, una credibilidad que ha sido mutilada en varias ocasiones, y que jamás se ha vuelto a conocer desde el 2006.
También resulta risible que, de miles de propuestas recibidas, sólo se seleccionen 20 propuestas de las cuales cinco serán las ganadoras, y que los mexicanos seamos quienes tengamos que decirle al gobierno las necesidades de este país ¿acaso no las conocen o se hacen pendejos? Yo voto por la segunda opción porque es obvio que las más importantes todos las conocemos: salud, educación, seguridad y empleo ¿Cómo piensan que cinco propuestas van a cambiar el rumbo del país cuando la gente en el poder no se ha preocupado por suplir las principales necesidades? ¿Cómo puede esta gente hablar de impulsar proyectos ciudadanos cuando son ellos quienes jamás se han detenido a pensar en el bien común?
Sí, soy un antipatriota porque no creo en Iniciativa México, porque detesto los spots del Bicentenario ¿qué vamos a festejar? ¿que nos cogen y nos dejamos coger? Y porque no amo a mi país, porque este nosequesea de país ya no es México, está secuestrado por el peor crimen organizado que tenemos: la clase política; y mientras sigamos pensando en defender los colores de uno u otro partido, que lo único que logra es que no seamos un pueblo unido, ese grupo en el poder nos seguirá sometiendo con el pie sobre el cuello.
Es cierto lo que dicen los spots "el cambio comienza por uno mismo". Ellos no van a cambiar, no les conviene, pero nosotros sí podemos, y no sólo se trata de ganas, sino de sentir la necesidad de hacer las cosas de forma distinta. Es hora de mandar a la chingada a la clase política y a los medios de comunicación comprados por esos que tienen el poder.
martes, 13 de julio de 2010
Extraordinario Resumen del Mundial del gran Eduardo Galeano
Eduardo Galeano
Pacho Maturana, colombiano, hombre de vasta experiencia en estas lides, dice que el futbol es un reino mágico donde todo puede ocurrir.
El Mundial reciente ha confirmado sus palabras: fue un Mundial insólito.
• Insólitos fueron los 10 estadios donde se jugó, hermosos, inmensos, que costaron un dineral. No se sabe cómo hará Sudáfrica para mantener en actividad esos gigantes de cemento, multimillonario derroche fácil de explicar pero difícil de justificar, en uno de los países más injustos del mundo.
• Insólita fue la pelota de Adidas, enjabonada, medio loca, que huía de las manos y desobedecía a los pies. La tal Jabulani fue impuesta, aunque a los jugadores no les gustaba ni un poquito. Desde su castillo de Zurich, los amos del futbol imponen, no proponen. Tienen costumbre.
• Insólito fue que por fin la todopoderosa burocracia de la FIFA reconociera, al menos, al cabo de tantos años, que habría que estudiar la manera de ayudar a los árbitros en las jugadas decisivas. No es mucho, pero algo es algo. Ya era hora. Hasta estos sordos de voluntaria sordera tuvieron que escuchar los clamores desatados por los errores de algunos árbitros, que en el último partido llegaron a ser horrores. ¿Por qué tenemos que ver en las pantallas de televisión lo que los árbitros no vieron y quizá no pudieron ver? Clamores de sentido común: casi todos los deportes, el basquetbol, el tenis, el beisbol y hasta la esgrima y las carreras de autos, utilizan normalmente la tecnología moderna para salir de dudas. El futbol, no. Los árbitros están autorizados a consultar una antigua invención llamada reloj para medir la duración de los partidos y el tiempo a descontar, pero de ahí está prohibido pasar. Y la justificación oficial resultaría cómica, si no fuera simplemente sospechosa: el error forma parte del juego, dicen, y nos dejan boquiabiertos descubriendo que errare humanum est.
• Insólito fue que el primer Mundial africano en toda la historia del futbol quedara sin países africanos, incluyendo al anfitrión, en las primeras etapas. Sólo Ghana sobrevivió, hasta que su selección fue derrotada por Uruguay en el partido más emocionante de todo el torneo.
• Insólito fue que la mayoría de las selecciones africanas mantuvieran viva su agilidad, pero perdieran desparpajo y fantasía. Mucho corrieron, pero poco bailaron. Hay quienes creen que los directores técnicos de las selecciones, casi todos europeos, contribuyeron a este enfriamiento. Si así fuera, flaco favor han hecho a un futbol que tanta alegría prometía. África sacrificó sus virtudes en nombre de la eficacia, y la eficacia brilló por su ausencia.
• Insólito fue que algunos jugadores africanos pudieran lucirse, ellos sí, pero en las selecciones europeas. Cuando Ghana jugó contra Alemania se enfrentaron dos hermanos negros, los hermanos Boateng: uno llevaba la camiseta de Ghana y el otro la de Alemania.
De los jugadores de la selección de Ghana, ninguno jugaba en el campeonato local de Ghana.
De los jugadores de la selección de Alemania, todos jugaban en el campeonato local de Alemania.
Como América Latina, África exporta mano de obra y pie de obra.
• Insólita fue la mejor atajada del torneo. No fue obra de un golero, sino de un goleador. El atacante uruguayo Luis Suárez detuvo con las dos manos, en la línea del gol, una pelota que hubiera dejado a su país fuera de la Copa. Y gracias a ese acto de patriótica locura, él fue expulsado, pero Uruguay no.
• Insólito fue el viaje de Uruguay, desde los abajos hasta los arribas. Nuestro país, que había entrado al Mundial en el último lugar, a duras penas, tras una difícil clasificación, jugó dignamente, sin rendirse nunca, y llegó a ser uno de los mejores. Algunos cardiólogos nos advirtieron, desde la prensa, que el exceso de felicidad puede ser peligroso para la salud. Numerosos uruguayos, que parecíamos condenados a morir de aburrimiento, celebramos ese riesgo, y las calles del país fueron una fiesta. Al fin y al cabo el derecho a festejar los méritos propios es siempre preferible al placer que algunos sienten por la desgracia ajena.
Terminamos ocupando el cuarto puesto, que no está tan mal para el único país que pudo evitar que este Mundial terminara siendo nada más que una Eurocopa. Y no fue casual que Diego Forlán fuera elegido mejor jugador del torneo.
• Insólito fue que el campeón y el subcampeón del Mundial anterior volvieron a casa sin abrir las maletas.
En el año 2006, Italia y Francia se habían encontrado en el partido final. Ahora se encontraron en la puerta de salida del aeropuerto. En Italia, se multiplicaron las voces críticas de un futbol jugado para impedir que el rival juegue. En Francia, el desastre provocó una crisis política y encendió las furias racistas, porque habían sido negros casi todos los jugadores que cantaron la Marsellesa en Sudáfrica.
Otros favoritos, como Inglaterra, tampoco duraron mucho. Brasil y Argentina sufrieron crueles baños de humildad. Medio siglo antes, la selección argentina había recibido una lluvia de monedas cuando regresó de un Mundial desastroso, pero esta vez fue bienvenida por una abrazadora multitud que cree en cosas más importantes que el éxito o el fracaso.
• Insólito fue que faltaran a la cita las superestrellas más anunciadas y más esperadas. Lionel Messi quiso estar, hizo lo que pudo, y algo se vio. Y dicen que Cristiano Ronaldo estuvo, pero nadie lo vio: quizás estaba demasiado ocupado en verse.
• Insólito fue que una nueva estrella, inesperada, surgiera de la profundidad de los mares y se elevara a lo más alto del firmamento futbolero. Es un pulpo que vive en un acuario de Alemania, desde donde formula sus profecías. Se llama Paul, pero bien podría llamarse Pulpodamus.
Antes de cada partido del Mundial, le daban a elegir entre los mejillones que llevaban las banderas de los dos rivales. Él comía los mejillones del vencedor, y no se equivocaba.
El oráculo octópodo influyó decisivamente sobre las apuestas, fue escuchado en el mundo entero con religiosa reverencia, fue odiado y amado, y hasta calumniado por algunos resentidos como yo, que llegamos a sospechar, sin pruebas, que el pulpo era un corrupto.
• Insólito fue que al fin del torneo se hiciera justicia, lo que no es frecuente en el futbol ni en la vida.
España conquistó, por primera vez, el campeonato mundial de futbol.
Casi un siglo esperando.
El pulpo lo había anunciado, y España desmintió mis sospechas: ganó en buena ley, fue el mejor equipo del torneo, por obra y gracia de su futbol solidario, uno para todos, todos para uno, y también por las asombrosas habilidades de ese pequeño mago llamado Andrés Iniesta.
Él prueba que a veces, en el reino mágico del futbol, la justicia existe.
* * *
Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: Cerrado por futbol.
Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado 64 partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido.
Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia.
Ya empiezo a extrañar la insoportable letanía de las vuvuzelas, la emoción de los goles no aptos para cardiacos, la belleza de las mejores jugadas repetidas en cámara lenta. Y también la fiesta y el luto, porque a veces el futbol es una alegría que duele, y la música que celebra alguna victoria de ésas que hacen bailar a los muertos suena muy cerca del clamoroso silencio del estadio vacío, donde ha caído la noche y algún vencido sigue sentado, solo, incapaz de moverse, en medio de las inmensas gradas sin nadie.
jueves, 8 de julio de 2010
Excelente artículo de Lorenzo Mayer
AMLO, diagnóstico y proyecto
Lorenzo Meyer 10 Jun. 10
El carácter oligárquico de México, el predominio de los intereses de los muy pocos, no es nuevo, pero se está acentuando Rotunda El último libro de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no pretende descubrir algo que se ignorara, sólo busca una vez más apuntar hacia una verdad rotunda y sus consecuencias. La verdad que muchos pretenden no ver es que, por lo que se refiere a su carácter oligárquico, México está de regreso al sitio donde se encontraba hace justamente un siglo, cuando vivía
ya al filo del agua. De retorno pero en condiciones diferentes. En 1910 Porfirio Díaz podía poner límites a un hacendado o a un minero. Hoy es difícil imaginar que "Los Pinos" hiciera algo equivalente con una cadena de televisión o con una empresa telefónica. México es de nuevo una sociedad donde el peso de su oligarquía es determinante en el proceso político.
En la toma de las grandes decisiones de carácter económico, el nuestro no es un país de más de 100 millones de personas sino de apenas un puñado. El análisis de la naturaleza y los efectos políticos del México de los pocos -de "Los que mandan", para usar el término acuñado por el sociólogo argentino José Luis de Imaz en
1964- es el corazón del nuevo libro de AMLO: La mafia que se adueñó de México... y el 2012 (Grijalbo, 2010). Quizá se pueda objetar el caracterizar como mafia a los que más influyen sobre el destino material de México, pero finalmente no es posible entender el proceso actual de nuestro país sin tomar en cuenta el carácter profundamente excluyente de un sistema cuya supuesta transformación de autoritario en democrático no ha significado gran cosa en el ejercicio real y en los efectos del poder. A partir de la discusión del concepto de mafia se puede abordar la sustancia de este libro no académico sino intensamente político y polémico. Mafia, como se sabe, es el nombre de una sociedad criminal secreta originaria de Sicilia pero que, por extensión, suele aplicarse a otras asociaciones secretas de criminales o, incluso, de terroristas. Ahora bien, el pequeño grupo de los poderosos de México, como lo demuestra el propio AMLO, no es secreto ni observa el orden jerárquico ni la disciplina propia del crimen organizado. En esta obra y en la realidad, los oligarcas aparecen con nombre y apellido, con sus áreas de actividad y hasta su modus operandi individual. La membresía en el grupo va desde Carlos Slim hasta Emilio Azcárraga, pasando por Roberto Hernández, Roberto Bailleres, Germán Larrea y una docena más de grandes empresarios. Algunos de ellos, como los del Consejo Coordinador Empresarial, efectivamente han concertado sus acciones de presión y cabildeo pero otros lo hacen por sí y ante sí, en solitario, como Slim o Salinas
Pliego. Y aunque ciertas actividades de estos personajes son ilegítimas por ser dañinas para el interés general -sus prácticas monopólicas o sus argucias para pagar pocos impuestos, por ejemplo-, generalmente pueden pasar por legales. Una alternativa más adecuada al concepto de mafia y al tipo de conducta de "los que
mandan" en México puede ser la de élite del poder, término acuñado por el sociólogo
norteamericano C. Wright Mills (1916-1962) al examinar el enorme poder acumulado hasta entonces por el pequeño grupo que dominaba la política, la economía y la cultura norteamericanas. En The power elite (1956), Mills sostuvo que si en Estados Unidos se pudiera separar de las estructuras institucionales donde operan a los 100 personajes políticamente más poderosos, a los 100 más ricos y a los 100 más famosos, éstos perderían su importancia pues su poder no estaba en ellos como individuos sino en la posición que ocupaban en la estructura institucional, en la red del poder. Ésa es también la tesis central de AMLO y punto de partida de su proyecto político, pero con una variante muy importante: aquí, como se verá, sí hay individuos muy poderosos y que no tienen cargo institucional. A partir de la gran crisis de 1982 -cuando se vino abajo el modelo económico basado en el mercado interno y en la centralidad del Estado-, el gobierno ha quedado cada vez más al servicio de los intereses particulares de un puñado de dirigentes de grandes empresas y
conglomerados y de su idea de México, un México donde la desigualdad extrema es
considerada como natural e inevitable y frente a la cual sólo queda saber administrarla para evitar que lleve a la inestabilidad. Conviene abordar ahora la peculiaridad de la élite del poder mexicana y en la que AMLO
ahonda. Si Mills no dio mayor importancia a las individualidades del grupo, fue porque en la sociedad que estudiaba -la norteamericana- las instituciones aparecían sólidas. En contraste, en México hoy ese entramado institucional es notoriamente débil lo que realza el papel del individuo. Esa debilidad ha permitido que ciertos personajes audaces y con conexiones adecuadas puedan desempeñar un papel crucial. Eso fue lo que sucedió con Plutarco Elías Calles hace 80 años cuando México era aún país de caudillos y eso sucede de nuevo con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Salinas ha capitalizado las debilidades y corrupciones del actual sistema político mexicano.
Cuando fue Presidente al final del siglo pasado, el de Agualeguas usó la crisis mexicana y el proceso mundial de privatizaciones, para tejer una telaraña de complicidades políticas e intereses económicos con el objetivo de sentar las bases de un poder transexenal. Sin embargo, su sucesor, Ernesto Zedillo, se propuso acabar con ese proyecto y casi lo logró,pero la posterior combinación de ineptitud, debilidad política y corrupción que caracterizó al sexenio de Vicente Fox, dio por resultado, entre otras cosas, una inesperada segunda
oportunidad para la ambición salinista. Tras el 2000, Salinas se ofreció como mediador y
coordinador entre los grupos e intereses del viejo y el nuevo régimen. La oferta le fue aceptada tanto por Fox y Felipe Calderón como por la oligarquía, el PAN y un PRI que, debiendo ser historia, también supo aprovechar los errores de sus adversarios para resurgir de sus cenizas, y por los nuevos señores feudales de la política mexicana: los gobernadores priistas. Con la coordinación de los intereses y la acción sustantiva de la élite del poder, el resto de los poderes, desde el Legislativo y el Judicial hasta los organismos autónomos, las
iglesias y los sindicatos se plegaron al arreglo. El resultado es una democracia casi sin contenido. 2012 El título del libro de AMLO contiene una fecha: 2012. Es en torno a ese año que ya actúan tanto la élite del poder como el resto de las fuerzas políticamente organizadas, incluidos el propio AMLO y su movimiento social. El año de la elección presidencial mexicana no tiene 365 días sino muchos más, por eso el largo y complicado 2012 ya llegó. Los grandes problemas nacionales siempre están presentes, pero desde hace por lo menos un siglo, es el calendario electoral el que, a querer que no, obliga a la sociedad a reflexionar sobre qué proyectos de país se nos ofrecen y a decidir por cuál debemos optar. Hoy el conjunto ciudadano no pareciera tener el ánimo para hacer de la política asunto prioritario. Según las encuestas, a la mayoría de los mexicanos -para ser exactos, en 2008, el
65%- los asuntos políticos les interesan poco o nada y apenas a un 9% le pareció la política de gran interés ("Encuesta Nacional sobre Cultura Política 2008", www.encup.gob.mx). Y es que, después de todo, el 83% de ellos considera que simplemente, "el país es gobernado por los intereses de unos cuantos" (Reforma, 20 de mayo, 2008). Y sin embargo... Aparentemente México, como proyecto nacional, es hoy una zona de desastre, pero justamente por eso, ésta debería ser la hora de la oposición real. Pero el mayor partido de la izquierda está deshecho y las encuestas auguran el retorno del PRI como resultado del desánimo generalizado. Como lo hicieran los historiadores romanos en las épocas de decadencia AMLO apela hoy a las virtudes del pasado -en nuestro caso al espíritu de Juárez y de Cárdenas-, llama a renovar la insurrección electoral y a que en el 2012 la izquierda recupere un poder ilegítimamente detentado desde el 2006 por una derecha oligárquica. Los obstáculos que enfrenta el proyecto de AMLO son sencillamente formidables: el duopolio
televisivo que ha logrado capturar la imaginación de una buena parte de los mexicanos, Carlos Salinas, el PRI reciclado y la oligarquía. AMLO propone enfrentar tamaña alianza con un proyecto de justicia sustantiva y una organización de base desde los 2,456 municipios del país donde él considera que personalmente ya plantó la idea de un proyecto alternativo. Hoy, tamaña empresa podría parecer casi imposible... pero el país no nos perdonaría el no haberlo intentado.
lunes, 31 de mayo de 2010
Plata o plomo
Denise Dresser
31 May. 10
"Habló demasiado", es el mensaje colocado encima de un cuerpo sin cabeza. "Para que aprendan a respetar", dice el letrero pegado a un torso sin brazos. "Te lo merecías", dice la nota dejada al lado de un hombre torturado. En las plazas y en las calles y en los lotes baldíos y ante las puertas de un cuartel del Ejército. En Apatzingán y en Zitácuaro y en Morelia y en Tierra Caliente. Muestras de la caligrafía del crimen, ejemplos de la sintaxis del silenciamiento, señales del surgimiento de un estado paralelo en Michoacán y microcosmos de lo que también ocurre en otros lugares de la República. Esos sitios donde no gobierna el gobierno sino "La Familia"; donde no se aplica la ley sino la regla de "plata o plomo"; donde antes que hablarle a un policía en busca de protección, la ciudadanía prefiere que un cártel la provea. Ante ello, la futilidad de una guerra mal librada contra un estado paralelo, descrita de forma devastadora en el artículo reciente de William Finnegan en The New Yorker.
Historia tras historia de secuestros, extorsiones, torturas, asesinatos, robos, corrupción, desempleo, y el simple temor de salir a la calle. Historia tras historia de lo que significa vivir en un municipio asediado, en un estado capturado, bajo el mando de una fuerza paralela a la del gobierno que se ha convertido -como dice un maestro de Zitácuaro- en "segunda ley". A pesar de los 50 mil soldados en las carreteras. A pesar de los 20 mil policías federales en las calles. A pesar de los 23 mil muertos debido a la narco-violencia en los últimos tres años. Sindicatos criminales como "La Familia" crecen y controlan, deciden y se diversifican. Si alguien necesita cobrar una deuda, recurre a ellos. Si alguien necesita protección, se la pide a ellos.
Gracias a los "soldados" que ha logrado formar, a los jóvenes que ha podido reclutar, a la base social que ha logrado forjar. Los campesinos que antes cultivaban melones y ahora siembran mariguana. Los ejidatarios que antes exportaban sorgo y ahora transportan cocaína. Los trabajadores que antes emigraban a Estados Unidos en busca de movilidad social y ahora saben que un cártel la asegurará. Los Ni Ni's que ni estudian ni trabajan y llenan las filas de un ejército que les paga muy bien. "La Familia" no sólo ofrece empleo a quienes lo necesitan. También construye escuelas, organiza fiestas, cobra impuestos, disciplina adolescentes, y regala canchas de basquetbol. Se erige en árbitro de la paz social. Cultiva lealtades y echa raíces. Para sus miles de beneficiarios, la cruzada de Felipe Calderón no es una salvación sino una agresión.
Según Fernando Gómez Mont, la anuencia social ante los cárteles es producto del "Síndrome Estocolmo": la tendencia de los torturados a sentir empatía con sus torturadores, la propensión de los secuestrados a sentir simpatía por sus secuestradores. Pero quizás la aquiescencia refleja algo más profundo y más difícil de encarar. La transición democrática acaba con la "Pax Mafiosa" que el PRI había pactado con el crimen organizado. La democracia entraña el fin de viejos acuerdos y el principio de nuevas rivalidades entre grupos que el poder central ya no es capaz de controlar. Y por ello surge un vacío que los cárteles pueden llenar ante la impotencia y la incapacidad del gobierno, ya sea federal, estatal o municipal. El crimen organizado comienza a suplir las deficiencias del Estado.
Cuando la población no cree en la policía o en las cortes, los criminales juegan ese papel. Cuando el Estado no puede ofrecer seguridad o empleo o cobertura médica o rutas para el ascenso social o bienes públicos, los cárteles empiezan a hacerlo. Como le explica una michoacana y madre soltera a Finnegan: "Tengo un número al que hablo. Si tengo un problema, si alguien me está amenazando, si alguien está tratando de robar mi carro, sólo les llamo y mandan a un policía. La policía trabaja para ellos (los narcos)". Fernando Gómez Mont argumenta que los criminales han perdido "cobertura institucional", cuando ya han logrado poner a las instituciones a su servicio. Es precisamente por ello que 59 por ciento de los mexicanos -según una encuesta reciente- no cree que Felipe Calderón vaya ganando la guerra que hace tres años declaró.
Ganarla requeriría, como lo ha subrayado Edgardo Buscaglia del ITAM, una guerra menos centrada en la aprehensión de los cabecillas y más en la incautación de sus bienes. Requeriría una guerra menos enfocada a matar capos y más a mermar sus finanzas. Requeriría no sólo el combate militar, sino también una estrategia financiera para confiscar cuentas y combatir frontalmente la corrupción en las cortes y en las presidencias municipales y en las gubernaturas y en cada pasillo del poder. Si no, por cada criminal aprehendido, habrá un criminal liberado. Por cada líder extraditado, habrá otro que lo reemplace. Por cada narcotraficante capturado, habrá otro entre los millones de desempleados en el país que lo sustituirá. Y México continuará siendo un lugar donde si no entregas la plata, alguien te dispara el plomo.